lunes, 14 de agosto de 2006

Natalicio

Hoy es el 22, pero podría ser cualquier otro número: dos, tres, siete, ocho, diez, catorce, treinta y cuatro, y siguen firmas.
Bingo!, Martín Caparrós
El domingo pasado cumplí años. No puede ser que haya pasado tanto tiempo…
Yo me siento de dieciocho, pero hace cuatro años que me recibí del secundario y aún no tengo demasiado claro qué hacer para “ganarme la vida”. O sea que me parece que en este tiempo “no hice nada productivo”, más que encontrar al amor de mi vida y disfrutar de los placeres mundanos. ¡Casi nada!
Lo malo: La reunión, sin Novio, ¡y la torta (doble) de Madrina, sin velas!
Lo bueno: El Tío se portó re bien, ¡y todavía quedó torta!
Los regalos: Pulsera de los Padrinos, plata del Tío, ropa de los Viejos… Ya veré si algo más.
El balance: ¡Ufa, che! ¡Basta! ¡Paremos el reloj hasta que tenga un laburo fijo, o los estudios encaminados, o me haya ido a vivir con Vos! ¡Que me agarra la crisis de los veintitantos por seguir en Babia!

Mi autoregalo:

miércoles, 26 de abril de 2006

¿Y si realmente estoy…?


Es posible que sea estrés. Es posible que sea sugestión. Aunque improbable, es posible.
Esto fue escrito en otro momento, pero la angustia es similar.
(El plazo es hasta este fin de semana. Después vendrá el ataque de nervios.)
Y si realmente estoy embarazada, estoy jodida. No hay plan potable que me resigne a ser una madre temprana. Me quejo de llena, según él, porque bien sé que él no va a abandonarme. Pero yo no pretendo que me acompañe o que me pase alimentos: sólo quiero que se termine la pesadilla y seguir con mi vida.
Cuando lo terrible le sucede al negligente, no conmueve. Cuando uno buscó la mejor forma de hacerse daño, bien muerto está. Pero cuando las personas son responsables de sus actos, si la cosa sale mal es de pura mala leche.
Leche. Qué palabra dulce si sale de los pechos de una madre que ama a su hijo, y qué temible desgracia si es la causa de un mal involuntario. Porque la leche da vida, provenga de donde provenga, lo queramos o no. Y en este caso, no lo queremos.
No seas pelotuda, ¿no ves que estás sugestionada? Cada hora que pasa te ponés un poco más nerviosa y dudás de las mil precauciones que tomaron. Sí, “retrasada”: te quiero ver si estás embarazada. Encima a tu novio no le tienen mucha simpatía. ¿Cómo podrías convencer a tu viejo de que el forro estaba pinchado si apenas podés avisarle que vas a verte con él?
La cosa es simple: si para el domingo no hay noticias, te hacés el test. Lo decís tan suelta de cuerpo que me asombrás. Y qué querés, a esta altura…
Yo no puedo resignarme. No puedo cagarme la vida y cagársela a él de prepo. Decí que me quiere tanto, que si no ya estaría corriendo para otro pueblo, o al menos cambiando de teléfono. Por lo menos sé que no voy a estar sola.
Enero, 2004.



2 comentarios

De acá al domingo viene, y no me sorprendería que fuera el domingo. Tengo mis basamentos científicos.
Relájate y ménstrua!

Comentario por Sebastián — 26/4/2006 @ 11:51 pm

siete días después, y tan tranquila.

Comentario por Sabrina Paula— 27/4/2006 @ 8:42 pm